El arte
que no emociona
ni evoca
no es arte,
es sólo oficio.
BAUDELAIRE
En uno de los rincones más recoletos de la vieja Salamanca, en el territorio que perteneció a los repobladores procedentes de Castilla, se encuentra una pequeña iglesia a la que muy pocos salmantinos han tenido acceso. Sin culto, escondida, pasando desapercibida, en la actualidad pertenece a la Parroquia de San Juan de Sahagún y está dedicada a actividades pastorales juveniles para aquellos chavales que viven en el entorno de este templo del centro de la ciudad.
Seriedad, sencillez y trabajo, mucho trabajo. Son las claves de Vicente Moreno de Vega, sin duda uno de los médicos en ejercicio con más experiencia en Salamanca. Miles de enfermos, salmantinos y de fuera, entre ellos la madre de quien suscribe, procedente como otros muchos de ese norte extremeño que tanta huella ha dejado en él por el carácter de sus gentes. En el transcurso de esta entrevista se palpa esa pasión por la auténtica medicina, la que se fragua al calor de una sincera conversación entre médico y enfermo.
En su aspecto más simplista, el poder se identifica con el efecto (cuantificable) de las fuerzas físicas de la naturaleza; o, lo que es lo mismo, se mide por el resultado de las interacciones entre los elementos materiales del universo. Las responsables del orden sideral que conlleva la gravitación, el fuego, la luz, las distintas otras formas de energía…
La repercusión que han alcanzado recientemente entre nosotros varias series de televisión estadounidenses, el apreciable nivel de calidad de algunas de ellas y la creciente influencia de este medio sobre el cine nos animan a incluir en esta sección–dedicada a comentar películas destinadas a las salas de exhibición– un comentario sobre la que ha sido la auténtica revelación de la temporada. El hecho de que la acción de House, emitida por Cuatro, se centre en un hospital y su protagonista sea el polémico doctor cuyo apellido le da título, justifica, a nuestro juicio, esta excepción.
Continuamos la nota biográfica de este destacado cirujano salmantino publicada hace dos números con un breve recordatorio a su importante papel en la cirugía salmantina de la primera mitad del pasado siglo. Sin duda fue la referencia de esta especialidad en la ciudad y como tal merece un recuerdo. Varias son las razones, primero, fue el cirujano por antonomasia de Salamanca, segundo, contribuyó a la formación de una importante saga quirúrgica en la ciudad y, tercero, tuvo un papel muy relevante en la cirugía de guerra de nuestro país. La posible parcialidad de estas líneas, imputable a la juventud del que suscribe, no serán obstáculo para acercarse a uno de los médicos salmantinos más interesantes de los últimos tiempos. Agradecemos la ayuda prestada por algunos de sus colaboradores como el Dr. Ferrer, que aporta las curiosas imágenes.
El autor destaca el papel que este centro cumplió en la formación de numerosos médicos entre los siglos XVII y XX Antonio Vargas y Carvajal otorga testamento el 24 de octubre de 1649. Fundaba entonces lo que sería el seminario que llevaría su nombre. En este centro se admitían niños huérfanos, pobres y, si no
Biblia, poesía y retórica, se valen de diferentes géneros o modos de lenguaje de acuerdo con los contenidos de su materia, sus fines y, en definitiva, con el tipo de mensaje que, al expresarse, emiten. Son modalidades de lenguaje parejas a las que, en su ámbito, utiliza el arte.
Se cumplen ahora cuarenta años desde que el maestro John Ford clausurara su dilatada trayectoria cinematográfica de una forma tan espectacular como sorprendente. Espectacular, porque Siete mujeres (1966) tiene la solvencia visual y la brillantez narrativa características de las mejores obras de su autor; sorprendente, porque, revisando muchas de las concepciones que había sostenido a lo largo de buena parte de su carrera –como había hecho ya poco antes respecto del género del Oeste en la formidable El hombre que mató a Liberty Valance–, Ford plantea de frente en este filme unos temas que espantarían a muchos de sus incondicionales. En el centro de la acción, una mujer: la doctora Cartwright. Y en el núcleo mismo del argumento, su condición de médico y su manera de entender la profesión
No todo es malo en la senectud, cuando de nuevo brotan en nuestro cerebro grandes momentos de admiración por la belleza, ahora quizás con más afilada sensibilidad y poder de aprehensión de la misma. Se magnifican de nuevo esos momentos de admiración. Cuando me enfrento ahora con los cuadros del que siempre admiré, de Gregorio del Olmo, el malogrado gran pintor de la Escuela de Vallecas, se me agiganta su figura artística. Don Daniel Vázquez Díaz del que fui gran amigo y con quien pasé muchas horas en su estudio de María de Molina 56, sentía una absoluta predilección por Gregorio del Olmo. El cuadro Niña con palillero rojo es sencillamente una maravilla: siempre que lo veo me emociono al contemplar cómo entra la luz por una ventana para iluminar e idealizar esa niña, colocada en ideal posición y la expresión de su rostro. Carmen al piano e Indiferencia son otras muestras magníficas de este gran pintor.