El miedo a la cornada y a la muerte, (o al fracaso), son algo consustancial a la fiesta de los toros. Pero el lugar natural donde se desarrollan esos sentimientos es indudablemente el ruedo. Ya se ha tocado este tema con anterioridad en sus dominios respectivos. Ahora parece oportuno centrarlos en el sitio donde se vive ese acontecimiento. El ruedo.
Desde los orígenes del cine, y heredada de la literatura e incluso de la tradición oral, la espinosa pregunta acerca de «quién nos cuenta qué», es decir, del punto de vista adoptado en cualquier narración ha hecho reflexionar sobre si éste es falible o no, y en qué circunstancias. En los últimos años ha renacido la moda de elaborar relatos en los que al final se demuestra la falsedad del testimonio del narrador. Es el caso de Shutter Island, donde un policía resulta no ser tal y la verdad de esta historia ambientada en 1954 reside en los doctores que intentan ayudarle a superar sus traumas.
En 1853 Sir Austin Henry Layard regresa de una excavación que realiza en la ciudad de Nínive, capital del antiguo reino asirio en el norte del actual Irak. Entre los diversos tesoros que trae de la biblioteca de Asurbanipal, del palacio de Sennaquerib, para el Museo Británico, se encuentra uno que le intriga especialmente, se trata de una pequeña pieza de cristal de roca pulido de aproximadamente una pulgada y cuarta (3,4 cms) con una superficie plana y la otra convexa, la pieza procede de una época en torno al siglo séptimo antes de Cristo. Layard consulta con Sir David Brewster, un famoso físico y especialista en óptica, quien, tras examinar el misterioso objeto, concluye que debió ser utilizado “para aumentar la imagen de objetos o para concentrar los rayos del sol”.
Llegaba tarde. Pero por más que quería ir más deprisa, no podía. Era como si una plomada tirara de mi centro de gravedad hacia abajo, hacia la dura y milagrosa tierra, y no me dejara levantar las plantas del suelo. Resoplaba como una caballería y un sudor fino e impaciente me iba bañando de arriba abajo. Pensé que sería imperdonable presentarme así ante el Obispo.
El autor repasa la historia del Hospital del Cabildo, en la Catedral Vieja, uno de los primeros que existieron en la ciudad Según Villar y Macías los canes con mascarones que se observan en el exterior de la Capilla de Anaya, en la fachada que da a la calle de Tentenecio, son los restos románicos
El médico para poder afrontar con seguridad el continuo y vertiginoso avance del conocimiento médico, necesita realizar un esfuerzo permanente de actualización de sus conocimientos y de adquisición de nuevas habilidades, que le permitan mantener un nivel de competencia profesional acorde a las exigencias de cada momento.
Recientemente he leído, en una entrevista a Elisabeth Bandinter, con motivo de la publicación y éxito de su libro El Conflicto, cuyo contenido ignoro. En él esta filósofa dice que “el instinto maternal convierte a las hembras en primas de los primates”. ¿Pero la raza humana no es un primate?
Cuando uno vive en una ciudad que no es la suya, intenta por todos los medios comprender los entresijos de su lugar de residencia para adaptarse mejor. En mi caso, después ya de unas cuantas primaveras en el campo charro, creo que he comprendido la idiosincrasia salmantina, pero hay dos aspectos que mi humilde masa cerebral no acaba de encajar: el condenado frío y las trabas que tiene el Complejo Asistencial de Salamanca.