Por las sonrisas en las fotos no diríamos que estas personas han pasado duros momentos. El capitán Aliste, en la foto con su esposa, perdió las piernas por una bomba de ETA en su coche. Irene Villa y su madre sufrieron la amputación de sus piernas y un brazo por la misma causa. Irene me dijo que lo que más le ayudó era el carácter positivo, luchador y alegre de su madre. Su madre me comentó que una vez que, tras la explosión del atentado y la incertidumbre, por fin supo que su hija estaba viva, ya no le importó cómo quedase.
Mi hermano iba en coche. En una curva un conductor bebido no giró bien. Choque frontal. Los dos murieron. “Me han quitado el carnet. Me cogieron a 190”, comentaba en un corrillo un amigo. Todos le miraban con la expresión de “¡Qué mala suerte!” Mi vecino me comenta que ha venido de noche a 260.
En una película, Los dientes del diablo, un policía es enviado a capturar a un esquimal que había matado a un misionero. Cuando lo encuentra, el esquimal le habla sobre el misionero: «No he visto a nadie más grosero que aquel hombre. Le invité a mi comida -eran gusanos vivos-, y la rechazó; le ofrecí a mi mujer para que se tumbase a reír con ella y no la quiso… ¿Qué mala educación tenía!». Tumbarse a reír, o sea, hacer el amor y el humor.
La temperatura es la que es. ¿Da lo mismo 0º, +0º o -0º? Posiblemente, con el airecito del que gozamos estos días sí. Pero el signo da un matiz.
Hace unos diez años daba una conferencia en Beja, Portugal, dentro de unas jornadas de creatividad. Era el segundo ponente y cuando el primero acabó, el presidente de la mesa indicó: “Cinco minutos de descanso”. “¿Hay un servicio por aquí?” -le pregunté. “Ahí en frente”.