Traductor médico, Cabrerizos (Salamanca)

Tal fue el llamativo lema elegido por la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) para una campaña de concienciación presentada el 31 de marzo de 2023, coincidiendo con el Día Mundial contra el Cáncer de Colon. Tres años después, la campaña sigue en marcha y se reactiva de vez en cuando en una provincia española o en otra: «Contra el cáncer de colon, ¡mueve el culo!».
Se supone que el lema, como pide la buena publicidad, constituye una forma fresca y desenfadada de llegar al público destinatario y aprovechar los múltiples sentidos de la expresión. De entrada, cualquier médico capta al menos cinco de tales sentidos, todos bien pertinentes: 1) darse prisa; 2) actuar, hacer algo ante una determinada situación; 3) combatir el sedentarismo, hacer ejercicio físico; 4) pasarse a una alimentación rica en fibra que active el tránsito intestinal; y 5) hacer de vientre para obtener una muestra de heces que enviar al programa de cribado del cáncer de colon. Ingenioso, en verdad; pero pasa por alto un pequeño detalle.
Para los españoles de mi generación, «mover el culo» no suena nada natural y hace pensar, antes que nada, en un calco del inglés move your ass. Era expresión apenas usada fuera de los telefilmes doblados, pródigos en calcos artificiales y poco idiomáticos como «Cierra tu maldita boca» (Cállate; Cierra el pico), «¿Cuál es tu nombre?» (¿Cómo te llamas?), «Eres un bastardo» (Serás cabrón), «Este jodido avión» (Esta mierda de avión), «Eso es realmente interesante» (Qué curioso), «Has hecho lo correcto» (Has hecho bien), «Necesitamos hacer algo» (Tenemos que hacer algo), «No puedo creer que…» (Parece mentira que…),«¡Oh, Dios mío!» (¡Madre mía!), «¿Quieres una taza de café?»(¿Quieres un café?), «Quita el culo de aquí» (Lárgate de aquí), «¡Señor, sí, señor!» (¡A la orden!), «¿Todo va bien?» (¿Cómo va eso?), «Voy a patearte el trasero» (Voy a darte una paliza)…, «La traducción es jodidamente horrible» (La traducción es pésima).
Ya sé, ya sé que muchos españoles nacidos en el último decenio del siglo pasado, o directamente ya en el tercer milenio, perciben natural expresiones como «mueve el culo». Ngram Viewer así lo demuestra: el uso de «mueve el culo» en libros escritos en español, prácticamente nulo entre 1800 y 1980, ha aumentado de forma vertiginosa en lo que llevamos de siglo XXI.
Alguien aducirá que tal vez los creativos publicitarios de la AECC lo que buscaban era llegar a la población más joven. Téngase en cuenta, no obstante, que no estamos hablando de una campaña de prevención de las infecciones de transmisión sexual o de los trastornos de la conducta alimentaria, sino de prevención del cáncer de colon. Va dirigida, pues, no a una población adolescente o juvenil, sino más bien madurita tirando a vieja: «Si tienes entre 50 y 69 años, te invitamos a participar en el programa de cribado del cáncer de colon», leo en el folleto.

Yo estoy en esa franja de edad y creo que puedo representar bien el sentir de una parte importante del colectivo. Pues bien,el lema «Mueve el culo» no es solo que no me llegue al corazoncito ni me parezca gracioso; es que directamente me repele. La campaña se supone dirigida a la población de 50 a 69 años, pero parece concebida por alguien que no ha cumplido los treinta.
Lo dicho no resta un ápice, desde luego, a la conveniencia de animar a la población de riesgo para que adopte hábitos de vida saludables y participe en los programas de cribado por medio de la prueba de sangre oculta en heces, que es indolora, sin riesgos y no precisa más que de una pequeña muestra que el paciente recoge cómodamente en casa. No debemos olvidar que el de colon es el cáncer de mayor incidencia tanto en hombres como en mujeres (más frecuente en ellas, sí, que el mucho más mediático cáncer de mama), y hoy curable en el 90 % de los casos.
La campaña es meritoria, no lo pongo en duda, pero falló—según yo lo veo— en la elección de la consigna.

Antonio M. Regueiro, traductor científico con amplia experiencia, me escribe para consultar la siguiente duda: «Algunos médicos que conozco me indican que actualmente se considera anticuado utilizar artículos delante del nombre de un fármaco; por ejemplo: “El ipratropio provocó mayores incrementos del volumen espiratorio” o “Ensayo aleatorizado de 12 semanas en el que se comparó el ipratropio con la teofilina”. Según estos médicos, los artículos subrayados deberían eliminarse. Mi opinión es que el correcto castellano exige en ese caso el artículo determinado».
Tan acostumbrados, en efecto, están los científicos de habla hispana a leer en inglés frases como «Acetaminophen is highly effective as a painkiller», que hoy ya apenas quedan médicos a quienes les suene extraña una frase como «Acetaminofeno es muy eficaz como analgésico», que hace tan solo unos años hubiéramos escrito sin dudar «El acetaminofeno es muy eficaz como analgésico». No es raro ya incluso dar con médicos que, aun a posteriori, no perciben ninguna diferencia importante entre esas dos frases españolas, para ellos válidas por igual; para conseguir que la perciban, suele ser necesario transformar la frase para incluir sustantivos de uso común o coloquial, que la distancien del registro científico; por ejemplo: «Zanahoria es muy buena para la salud». Solo así conseguiremos que adviertan la anomalía gramatical y exclamen, sorprendidos:
—¡En español no se dice así!; se dice «La zanahoria es muy buena para la salud».
Y no se piense que este anglicismo sintáctico se limita solo al lenguaje científico. En la prensa escrita, en la radio y en la televisión, es ya habitual iniciar las noticias directamente con un sustantivo, como prescribe la gramática inglesa. Primero fue solo en los titulares, pero ahora ya es frecuente ver también en el cuerpo de los artículos frases como «Científicos españoles descifran el gen del síndrome ovárico metabólico poliendocrino», cuando tradicionalmente hubiésemos escrito «Cinco científicos españoles descifran el gen del síndrome ovárico metabólico poliendocrino » (si conocemos el número exacto) o «Un grupo de científicos españoles descifra el gen del síndrome ovárico metabólico poliendocrino»(si desconocemos el número exacto o, por el motivo que sea, nos interesa ocultarlo).
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