La profesión cierra filas por la igualdad del sistema MIR

Unidad y mejoras contra la amenaza a la igualdad, objetividad y calidad del sistema MIR

Frente a la posibilidad de la transferencia de competencias en la gestión del MIR a algunas comunidades autónomas, la profesión médica muestra su “absoluto rechazo” y alerta de las graves consecuencias para la calidad asistencial

El pacto con los grupos parlamentarios nacionalistas que ha llevado a la presidencia del Gobierno a Pedro Sánchez, propiciando un clima de crispación política constante, ha salpicado también el ámbito sanitario, al abrirse la posibilidad de la transferencia de las competencias en Formación Sanitaria Especializada (FSE) a las comunidades autónomas. Aunque desde el Ministerio de Sanidad ya se han apresurado a negar esta opción, lo cierto es que el acuerdo alcanzado entre el PSOE y el BNG abría la negociación para transferir la gestión del MIR a Galicia, y de forma paralela, los catalanes han exigido el desarrollo del Estatut de 2006, donde se recoge “la competencia compartida con la Generalitat” en la acreditación y la evaluación de centros, la planificación de la oferta de plazas, la participación en la elaboración de las convocatorias o la gestión de los programas de formación de las distintas especialidades.

Las reacciones desde el ámbito médico no se han hecho esperar. El Foro de la Profesión Médica, conformado por todas sus instituciones representativas, como son el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM), la Federación de Asociaciones Científico-Médicas de España (FACME), la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM), la Conferencia Nacional de Decanos de Facultades de Medicina (CNDFM) y el Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM), asegura
que esta medida genera desigualdades en la formación y provoca falta de cohesión en los estándares de calidad a nivel nacional y dificultades en la movilidad y homologación de profesionales.

Por ello, muestran su respaldo a un modelo que, a pesar de poder estar abierto a modificaciones y mejoras, ha demostrado ser exitoso en el Sistema Nacional de Salud (SNS) y cuenta con un gran reconocimiento internacional. Traspasarlo a las comunidades autónomas supondría, a su juicio, la pérdida de homogeneización, con la consecuente pérdida de calidad asistencial, por lo que “la acreditación, evaluación y programas docentes deben mantenerse a nivel nacional, bajo la responsabilidad del Ministerio de Sanidad”.

Es más, añade el Foro, “en el año 2023, y como país integrado en la Unión Europea, se debería hablar de formación médica armonizada en Europa y no en regiones”, y cumplir con las directivas europeas para homologación y reconocimiento a efectos profesionales de títulos de grado médico y de especialista. La competencia en este ámbito está otorgada por Real Decreto al Estado, con la participación de los Consejos Generales de las profesiones, y lo contrario “va en contra de los principios de equidad y no discriminación, además de posible falta de competencia autonómica”.

En la misma línea, se fueron sucediendo reacciones en cadena de numerosas sociedades científicas y de los consejeros de Sanidad de diferentes comunidades autónomas, entre ellos, los de Castilla y León, Madrid, Extremadura, Andalucía, Valencia, Murcia o La Rioja.



Una locura de quienes no conocen la profesión

Desde el Colegio de Médicos de Salamanca, el vocal de Médicos Tutores y Docentes, el Dr. Miguel Ángel Delgado Vicente, es contundente al afirmar que esto “es una locura más de quienes no conocen la profesión médica, y es más, ni la aman ni a los pacientes. Cuando se convierte en el motor de tu vida, entiendes que el esfuerzo y el trabajo en común crea valor y calidad; de lo contrario, si divides, perderás, y ya hay bastante división”.

Por su parte, el vocal de Médicos en Formación y/o en Promoción de Empleo, el Dr. Jesús Martín González, recurre a un símil deportivo para comparar las ventajas del MIR, que “siempre ha sido el espejo en el que mirarse de otras oposiciones en cuanto a igualdad de condiciones entre examinados y objetividad de los examinadores: un único examen tipo test, mismas preguntas y mismo día para entrar en un mismo sistema de elección”, frente “a la sombra de la que huir en el acceso a la universidad”, donde exámenes, días, temarios, modelos y examinadores son diferentes en cada territorio, pero luego exige la misma opción de elección universitaria en todo el país. “El actual acceso universitario daría por válido que un atleta de un territorio para sacar una puntuación de 8 tenga que correr 10 kms, pero que el de al lado obtenga 9 puntos con sólo 7 kms y se lleve la medalla. Todo un despropósito. El MIR vigente, en este caso, serían dos corredores compitiendo en una misma distancia, en la que ganaría el mejor”, explica.

Con todo, quiere advertir de que “no solo el examen MIR se verá afectado, sino también la calidad, porque los objetivos y posibilidades formativas de cada residente variarán según la región en la que se encuentren formándose como futuros especialistas”.

“Romper la centralidad y unidad de la gestión MIR supondrá agravar la desigualdad territorial en España y, entre opositores, dar alas a la subjetividad evaluadora y alejarse de un sistema puramente meritocrático para obtener una plaza. El interés político fulmina la igualdad y objetividad del sistema MIR e impide terminar con la injusticia en el acceso a la universidad. La pregunta es por qué”, se cuestiona el Dr. Jesús Martín.

Sin duda, controversias como ésta ponen de manifiesto la urgente necesidad de alcanzar un gran pacto nacional en materia sanitaria, que permita encontrar las soluciones que preserven la calidad y equidad en la formación de médicos en España. Sería mucho más ventajoso para la calidad asistencial pensar en las mejoras que necesita el MIR, en vez de de añadir obstáculos o poner en entredicho lo que sí ha funcionado hasta ahora.

En este sentido, el Dr. Miguel Ángel Delgado considera que deben preservarse “las virtudes y cualidades del sistema MIR, aunque para ello no haya una respuesta única”. Más allá de aspectos fundamentales irrenunciables, como la objetividad del examen y la homogeneidad y la calidad de la formación que se imparte en los centros y unidades docentes acreditadas, “resulta imprescindible definir qué necesitamos y a dónde se quiere llegar, qué profesional se precisa y para qué en la sociedad”. Ve necesario “transformar la educación para fortalecer los sistemas de salud en un mundo globalizado e interdependiente, donde el principal problema, aún por resolver, son las desigualdades percibidas, tanto a nivel nacional como internacional, lo que hace inefectivo el reparto equitativo de los avances sanitarios”.

¿Cómo articular las mejoras?

En cuanto a cómo se pueden articular estas mejoras, el vocal del Colegio de Médicos propone una evaluación continua del sistema MIR que permita identificarlas y establecer planes de acción para abordarlas, incluyendo, incluso, la implementación de nuevas tecnologías para mejorar la eficiencia y la calidad de la formación, como la telemedicina o la simulación clínica.

Aunque en este punto alude a Albert J. Jovell, que ya en 2001, en su artículo El futuro de la profesión médica, se cuestionaba si necesitábamos formar “trabajadores expertos” —siguiendo únicamente un modelo tecnológico— o “profesionales” centrados en el razonamiento clínico y la conducta ética. “Ser un técnico de alta cualificación científico-técnica permitirá tratar a algunos pacientes, ser un profesional permitirá tratar a todos”, señalaba.

Del mismo modo, en estos primeros años del siglo XXI se apuntan futuros retos, como los riesgos infecciosos —un claro ejemplo es la pandemia covid-19—, medioambientales y conductuales en un mundo globalizado de rápidas transiciones demográficas y epidemiológicas. A los que el Dr. Delgado añade otras dificultades que arrastramos del siglo anterior, entre ellas, la descoordinación entre las competencias profesionales y las necesidades de la población, un trabajo en equipo optimizable,
el hospitalcentrismo…

“Es obvio que resulta más preciso que nunca un cambio de paradigma, que podría comenzarse rediseñando la educación profesional, aunque no solo a nivel MIR”, concluye.

Para el vocal de Médicos en Formación, considerando igualmente crucial mantener los pilares de calidad que sustentan el sistema MIR, igualdad y objetividad, siempre son bienvenidas medidas que supongan un avance sobre esta base. Entre ellas, el propio examen, “puliendo la redacción de las preguntas y evitando que algunas tengan que ser anuladas a posteriori”, o facilitar y promover la movilidad entre áreas de salud o países.

“La formación impartida y recibida debe aumentar, y, para ello, la sobrecarga asistencial es un problema (y no una excusa) que debe resolverse”, añade.

Necesidades de tutores y residentes

En este proceso, resultan claves, no solo las herramientas para evaluar correctamente el modelo, sino también atender las necesidades de los profesionales tutores y docentes, y de los residentes. El Dr. Miguel Ángel Delgado considera suficientes los mecanismos evaluadores existentes, pero “utilizados adecuadamente y llevados a su correcta implementación”, y para ello, se necesita tiempo dentro de la jornada laboral, “y no solo en el tiempo libre y de descanso”.

Como formadores, los profesionales precisan evolucionar desde el antiguo modelo de diagnóstico y tratamiento —centrado en la enfermedad— a un modelo con visión integrada y sistémica, descrito por la Organización Mundial de la Salud como “la prestación de una atención equitativa, eficaz y comprensiva con los pacientes, familias y comunidades en adecuación con las necesidades y valores de la sociedad”. Así, el representante del Colegio considera que el principal cambio radica en la adaptación de los planes formativos basados en competencias: “Todos los profesionales de la salud en todo el mundo han de ser entrenados para movilizar el conocimiento y comprometerse con el razonamiento crítico y la conducta ética, de modo que se hagan competentes para participar en los sistemas de salud centrados en el paciente”.

No obstante, añade, el verdadero cambio no se producirá si únicamente es promovido por los tutores y residentes, y no se acompaña de un proceso institucional reflexivo, en el que, además, se impliquen la dirección de los centros y los gestores de planes, además de escuchar la voz de los ciudadanos, toda vez que el antiguo paciente se ha convertido en un ciudadano-paciente formado e informado, conocedor de sus derechos y de su papel protagonista.

Para el Dr. Jesús Martín, las herramientas de evaluación deben actualizarse: “Reestructurar los objetivos, competencias y años formativos para que evolucionen de manera acorde a cada especialidad, como está ocurriendo en el resto de Europa y como defiende la Organización Médica Colegial. Lo importante es la calidad médica”.



Y, al igual que su compañero, reivindica tiempo: “Un tutor de residentes precisa de horas en su día a día para planificar y realizar dicha formación y, a su vez, éste para recibirla, y con la sobrecarga asistencial, esto no ocurre”.

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