
Por Jesús Málaga
A pesar de haber contado con dos asentamientos judíos, los salmantinos no suelen enseñar los barrios hebreos a los que nos visitan. Cuando algún guía turístico dedica parte de su tiempo a recorrerlos, tiene que pedir a sus oyentes que tengan paciencia, memoria y, lo que es más importante,que estimulen su imaginación. Los judíos estuvieron en Salamanca mucho antes de la restauración de Raimundo de Borgoña y doña Urraca. Cuando los repobladores repartieron el territorio en el que se asentaba la ciudad, los que profesaban la ley de Moisés permanecieron intramuros, junto con los galos y serranos.
El barrio judío salmantino ocupaba una gran extensión; su caserío se extendía por la actual calle de Libreros, desde el patio de Escuelas Mayores hasta su entronque con la calle Veracruz, por la calle Serranos hasta la de los Moros, hoy de Cervantes, y su llegada a la puerta del Sol, en la conocida iglesia de San Isidro, antes San Isidoro. El barrio de los hebreos salmantino cumplía con todos los requisitos para ser considerado un rabinato. En el lugar donde hoy se encuentra el rectorado de la Universidad de Salamanca, antiguo Hospital del Estudio, se instaló el Midrash, escuela religiosa para el estudio del Talmud. Contaba con dos sinagogas muy cercanas entre sí; la mayor se encontraba en lo que hoy es la Biblioteca Universitaria Santa María de los Ángeles y la menor, más conocida por haber tenido lugar en su interior la conversión masiva de los judíos salmantinos tras la predicación milagrosa de san Vicente Ferrer. Esta última estaba ubicada en el lugar donde posteriormente se construyó el convento de la Merced Calzada, hoy Facultad de Matemáticas.

La judería salmantina tuvo hospital, hospedería, carnicería con matadero de animales para su sacrificio según la ley de Moisés, fosario y una singularidad que la diferenciaba de otras de su tamaño: gran número de judíos, tras el descubrimiento de la imprenta, se dedicaron a la edición de libros; muchas de las librerías de la calle Libreros eran regentadas por hebreos. Aunque se ha dicho que algunos de sus miembros fueron profesores de su Universidad, parece que fueron los menos. Solamente ocuparon cátedras menores, las referidas a las lenguas semíticas, especialmente hebreo, arameo, siríaco antiguo y caldeo, entre otras orientales.
La gran extensión de la judería salmantina estaba cruzada por callejuelas estrechas, evitando la línea recta, con recovecos y culos de saco en los que era fácil perderse y difícil la persecución; sus viviendas se intercalaban con un caserío perteneciente a cristianos, debido a lo cual en muchas escrituras se entremezclaban las propiedades de cristianos viejos con las de judíos.
Sus viviendas llegaban hasta los límites del castillo; los hebreos buscaban la protección del alcaide de la fortaleza, la del Cabildo de la Catedral y la del obispo; todos ellos protegían con esta postura projudía sus intereses religiosos y económicos.
Otra pequeña vecindad de judíos salmantinos buscó la protección de la Clerecía de San Marcos, institución que acoge hasta nuestros días a todos los párrocos titulares de la ciudad, con fuero sobre un pequeño territorio urbano en el corralón que se encuentra en las inmediaciones del singular templo románico de la puerta Zamora. Seguramente, esta segunda comunidad judía tenía limitada independencia sobre la situada al sur,dependiendo de esta última en todo lo que concernía a asuntos religiosos, comerciales, económicos y administrativos.
Entre los servicios que la judería salmantina aportaba estaba el del fosario, lugar de enterramiento específico para los hebreos,que eran enterrados de una manera especial y del que, desgraciadamente, no ha quedado rastro alguno; solamente sabemos que se localizaba cerca del río Tormes, en su margen derecha.
En otro artículo he tratado de la Hospedería y del Hospital de la Estrella, comentando que podía tratarse de una misma institución con dos funciones: la hospedería funcionando como asilo, acogiendo a los ancianos que necesitaban ayuda del barrio en los últimos años de su vida, y el hospital tratando las enfermedades ocasionadas a lo largo de los años, especialmente en la ancianidad, que tendría un funcionamiento más parecido a lo que hoy conocemos como hospital geriátrico.
A pocos metros de la hospedería y del hospital de los judíos se encontraba otro centro similar, en este caso ligado a la parroquia de San Salvador, pero en el mismo barrio de los hebreos. En él eran acogidos los pacientes cristianos. Podíamos decir que cristianos y judíos vivían juntos, pero cada uno de ellos recurría a su comunidad para solucionar los problemas que iban surgiendo en la vida. Como hemos hecho constar, a lo largo de la extensa judería se encontraban instituciones religiosas judías como el Midrash y dos sinagogas, pero al mismo tiempo, compartiendo espacio, una decena de templos que hacían de parroquias con una pequeña feligresía. Fueron iglesias que fueron abandonando su actividad y desapareciendo lentamente antes y después de la expulsión de los judíos, lo que nos hace pensar que la competencia entre el judaísmo y el cristianismo era pública de cara a la calle, pero silenciada dentro de los despachos de poder, ya que los judíos, como hemos indicado, controlaban los resortes del dominio económico y no pocos del político.
El hospital de los cristianos, situado en el barrio judío, fue llamado igual que la iglesia parroquial del mismo nombre que lo acogía. Fue fundado en 1250 por el canónigo de la Catedral de Salamanca Ruiz Pérez. El Cabildo concedió sus nueve habitaciones a otras tantas familias necesitadas, llamándose desde entonces Corral de los Pobres. Se encontraba en pleno barrio judío; así lo prueba, según Manuel Villar y Macías, el que varias casas de hebreos lindaran con él.
En la zona estudiada encontramos bolsas de pobreza,marginación, prostitución y violencia. En los límites de la Peña Celestina, en la pequeña meseta superior, una vez traspasada la puerta de la muralla, se encontraban las Tabernas o Tabernillas del Vino Blanco, inmortalizadas en la literatura española y en la historia de Salamanca. Era el lugar donde se despachaba solamente el vino blanco, que soportaba una pequeña tasa impuesta por el alcaide de la fortaleza y donde las busconas encontraban plan para trasladarse posteriormente a la mancebía,situada en la otra margen del río. En la subida al Alcázar desde el paseo del Desengaño se construyeron, en su lado derecho,protegidas por la muralla, un encintado de chabolas e infraviviendas que dieron cobijo a desarrapados, busconas, delincuentes y personajes de mal vivir, entre los que se encontraría la famosa trotaconventos, cuya trágica historia serviría a Fernando de Rojas para escribir La Celestina. Muchas de las familias procedentes de este lugar serían las que ocuparían las viviendas ofertadas en el Corral de los Pobres por el Cabildo.
Esta pobreza extrema no se daba en otro espacio de la judería, la actual calle Cervantes y anteriormente calle de los Moros. Al asentarse la reconquista en la zona sur del Duero, los árabes fueron desplazados de su céntrica calle, pasando a ocupar arrabales extramuros. Las pocas familias que permanecieron en sus lugares de procedencia fueron desalojadas, surgiendo en los solares resultantes de sus casas mansiones para acoger a la nobleza baja, como el palacete del comunero Francisco Maldonado, señor de Maderal. Otras dos familias nobles construyeron su vivienda en la calle de los Moros: los Nietos, señores de Tirados, y los Guzmán, de los que sabemos que uno de sus miembros más destacado fue regidor de Salamanca.

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