El agua / Cristales de yeso en Marte / Un lubricante de gran valor / Los grandes herbívoros africanos

Escritas y relatadas por Juan Manuel Igea

Presidente del Comité de Humanidades
de la Sociedad Española de Alergia e Inmunología Clínica

«El médico que solo sabe medicina, ni medicina sabe»
José de Letamendi y Manjarrés (1828-1897)

Selección de cuatro avances científicos no médicos publicados entre el 21 de mayo y el 21 de agosto de 2026, elegidos por su novedad, solidez, trascendencia y capacidad para ampliar la cultura científica de un lector no especialista

El agua no es un solo líquido: aparecen dos estructuras que se transforman entre sí

El agua presenta anomalías conocidas —se expande al congelarse y alcanza su máxima densidad cerca de 4 °C— que desde hace décadas alimentan una hipótesis: el líquido podría adoptar dos organizaciones microscópicas distintas. Observarlas es difícil porque se distinguen mejor en agua profundamente sobreenfriada, una región en la que la cristalización interfiere rápidamente.

Liwen Li y sus colaboradores analizaron simulaciones masivas del modelo TIP4P/Ice mediante aprendizaje profundo no supervisado. El algoritmo identificó, sin imponer ninguna variable previa, la combinación de rasgos moleculares que mejor describe los estados y sus transiciones. El resultado muestra dos estructuras locales interconvertibles y propone el mecanismo por el que una de ellas pasa a la otra.

Cerca de la frontera entre los estados de densidad alta y baja, la transformación recorre un circuito con tres puntos de paso energéticos; lejos de ella sigue una ruta más sencilla, con uno solo. La descripción puede ayudar a explicar otras transiciones entre líquidos y demuestra cómo la inteligencia artificial puede descubrir variables útiles para formular una teoría física.

Pero es esencial ser cauteloso. Se trata de dinámica molecular aplicada a un modelo computacional, no de una observación directa del agua real. En resumen, el estudio convierte la hipótesis de dos organizaciones líquidas en una descripción dinámica concreta, pero todavía no resuelve definitivamente la controversia experimental sobre el agua sobreenfriada.

Referencia bibliográfica:

Li L, Zhong J, Zhang J, Wang Z, Zeng XC, et al. Evidence for the generic existence of two local structures in liquid water. Nature Physics. 2026;22:1144-1151. Publicado el 4 de junio de 2026. doi:10.1038/ s41567-026-03301-8.


Cristales de yeso en Marte revelan agua en su superficie mucho antes de lo esperado

La mayor parte de los ríos y lagos marcianos se sitúa hace más de 3.000 millones de años. Sin embargo, el rover chino Zhurong fotografió en Utopia Planitia una capa de rocas claras, de 5 a 10 centímetros, sobre una superficie de unos 760 millones de años. Su aspecto apuntaba a minerales hidratados, pero faltaba explicar su origen.

Jiacheng Liu y su equipo identificaron cristales tabulares decimétricos y maclas en «espina de pez», formas características de la selenita, una variedad de yeso. Los interpretan como una evaporita primaria: un depósito dejado por agua salina al evaporarse o congelarse. Para producirlo habría hecho falta una columna acumulada equivalente a entre 6,25 y 25 metros de agua.

Eso no exige un lago de tal profundidad presente de una vez. El agua pudo aflorar de manera sostenida o episódica desde un acuífero salino y formar una lámina somera, quizá de un metro o menos y parcialmente helada. Los cristales podrían además conservar inclusiones diminutas de la salmuera original, objetivos valiosos para una futura misión de retorno de muestras. La identificación procede de imágenes y datos remotos: no demuestra un lago permanente ni la existencia de vida, y deberá confirmarse en laboratorio. En resumen, Zhurong aporta indicios sólidos de agua líquida superficial en un Marte relativamente reciente y convierte estos yesos en posibles archivos químicos de antiguas salmueras.

Referencia bibliográfica:

Liu J, Wu B, Gao W, et al. Primary evaporite in southern Utopia Planitia on Mars from Zhurong rover observations. Nature Astronomy. Publicado el 29 de julio de 2026. doi:10.1038/s41550-026-02917-3.


El plástico más incómodo de reciclar se convierte en un lubricante de gran valor

El PVC se emplea en tuberías, cables y ventanas, pero su contenido en cloro dificulta el reciclaje: al calentarlo puede liberar compuestos corrosivos y desactivar catalizadores. Eric Munyaneza Nuwayo y sus colaboradores proponen aprovecharlo como materia prima y plantilla química para fabricar polialfaolefinas, hidrocarburos sintéticos que se usan como lubricantes con prestaciones elevadas.

La reacción emplea cloruro de aluminio a 70 °C. El PVC pierde cloro, sus cadenas se fragmentan y reaccionan con alfaolefinas añadidas. Así guía la formación de nuevas cadenas ramificadas sin los catalizadores de metaloceno habituales. Los productos alcanzaron viscosidades de 14,9 a 26,3 centistokes a 100 °C, coeficientes de fricción de 0,08 a 0,15 e índices de viscosidad de hasta 130.

El método funcionó también con residuos reales y aborda simultáneamente la descloración y la obtención de un material útil: un ejemplo de suprarreciclaje. Pero todavía necesita alfaolefinas, reactivos y separación posterior. Antes de escalarlo habrá que evaluar recuperación del catalizador, gestión del cloro, aditivos presentes en los residuos y balance ambiental; varios autores han declarado además una solicitud provisional de patente.

En resumen, el PVC puede actuar como plantilla para producir lubricantes sintéticos de propiedades ajustables a temperatura moderada.

La técnica no resuelve por sí sola el problema mundial del plástico, pero ofrece una ruta ingeniosa para transformar uno de los residuos más difíciles en un producto duradero y de mayor valor.

Referencia bibliográfica:

Munyaneza Nuwayo E, Thompson C, Civiello A, et al. Upcycling of polyvinyl chloride into polyalphaolefin lubricants. Nature. 2026;656:376-382. Publicado el 5 de agosto de 2026. doi:10.1038/s41586-026- 10867-z.


Los grandes herbívoros africanos desaparecieron porque dejaron de surgir especies nuevas

Los ecosistemas africanos albergaron durante millones de años una variedad de animales de más de una tonelada muy superior a la actual. Elefantes, rinocerontes, hipopótamos y otros grandes ungulados actuaban como «ingenieros del paisaje»: derribaban árboles, abrían claros, dispersaban semillas y modificaban la disponibilidad de agua y nutrientes. Su declive suele atribuirse a una especial vulnerabilidad a la extinción, provocada por cambios climáticos o por la actividad humana.

Juan L. Cantalapiedra y sus colaboradores reconstruyeron 23 millones de años de evolución de los ungulados africanos mediante el registro fósil y modelos de redes neuronales. El objetivo era separar los dos procesos que determinan el número de especies: la extinción, que elimina linajes, y la especiación, que produce otros nuevos. Una fauna puede empobrecerse porque desaparezcan muchas especies, pero también porque las pérdidas normales dejen de ser compensadas por la aparición de especies nuevas.

El análisis revela que las tasas generales de especiación y extinción comenzaron a acelerarse hace unos 7,2 millones de años. La especiación se estabilizó después de hace 3,6 millones de años, mientras que las extinciones aumentaron al comienzo del Pleistoceno, hace 2,58 millones. Sin embargo, los linajes de mayor tamaño no presentaban tasas de extinción especialmente elevadas; dentro de una misma familia, las especies mayores tendían incluso a extinguirse menos. Los dientes de corona alta, mejor adaptados a vegetación dura y abrasiva, también se asociaron con una menor extinción.

La desventaja de los megaherbívoros estaba en el otro lado de la balanza: producían especies nuevas con menor frecuencia. En algunos linajes, además, la creciente aridez africana de los últimos cinco millones de años redujo todavía más esa especiación. El estudio no niega que se produjeran extinciones ni excluye efectos posteriores del clima o de los seres humanos. Propone que el declive profundo y prolongado de estos animales no se explica por una mortalidad evolutiva excepcional, sino por una capacidad insuficiente para reemplazar las especies que iban desapareciendo.

La conclusión depende de modelos estadísticos aplicados a un registro fósil necesariamente incompleto. Las tasas de especiación y extinción no se observan directamente, sino que se infieren a partir de la distribución temporal, el parentesco y los rasgos de los fósiles disponibles.

En resumen, la diversidad de los grandes herbívoros africanos disminuyó principalmente porque sus linajes originaban pocas especies nuevas, no porque sufrieran una tasa de extinción intrínsecamente superior. El hallazgo cambia la imagen habitual de su declive: además de preguntar qué los hizo desaparecer, obliga a investigar por qué dejaron de diversificarse.

Referencia bibliográfica:

Cantalapiedra JL, Lazagabaster IA, Blanco F, et al. Lower speciation, not higher extinction, drove African megaherbivore diversity collapse. Nature Communications. Publicado el 31 de julio de 2026. doi:10.1038/s41467-026-76105-2.

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