
Por Ramón Martín Rodrigo
Licenciado en Geografía e Historia y en Historia del Arte
y doctor en Geografía e Historia
Víctor Villoria Sánchez nació en 1882 en el pequeño pueblo de Pelilla, distante unos diez km de Ledesma, pero con frecuencia consta como nacido en Ledesma; y una vez él mismo escribió que era natural de Samasa, una alquería próxima a Ledesma. Así pues, se deduce que su familia pudo trasladarse de un domicilio a otro cuando él era pequeño. Se entiende que realizaría los estudios de instrucción primaria en Ledesma, pero de esto no hay datos, aunque se deduce, por algunas notas que sacó en la enseñanza secundaria, que para prepararse el ingreso en el bachillerato probablemente recibió clases particulares[2]. El esquema familiar se refleja en el siguiente cuadro:

D. Víctor Villoria realizó los estudios de segunda enseñanza en el Instituto General y Técnico de Salamanca. Solicitó su examen de ingreso el 24 de mayo de 1894 y, como su padre probablemente no estaba en Salamanca, lo avalaron dos testigos, don Marcelino Núñez y don Victoriano Zurdo. Existe un detalle que quizás explique algo de su vida posterior. Es que el médico que informó de sus características físicas para la asignatura de Gimnástica señaló que padecía reuma. En adelante, este niño de 12 años se defiende por sí mismo, haciendo instancias al director del instituto.
En el citado año de 1894 también aprobó Geografía, primero de Latín y Lengua Castellana. En segundo curso de Latín, obtuvo la calificación de sobresaliente, por lo cual se presentó a un nuevo examen de premio, que también ganó. Y, por cierto, le pusieron para traducir del latín al español la fábula Dum canis natans per flumen = Bebiendo un perro en el Nilo, que entendió perfectamente, sacó la moraleja y analizó gramaticalmente; y, por tanto, ganó premio, que le concedía matrícula gratuita de una asignatura en el curso siguiente[3].

Seguidamente, cursó la carrera de Medicina, desde el curso 1899-1900 al 1904-1905, inclusive. Obtuvo 12 sobresalientes, 3 notables, un bueno y 10 aprobados, siendo destacable que cursó algunas asignaturas por enseñanza no oficial. En noviembre de 1905 realizó el grado de licenciado, obteniendo la calificación de sobresaliente. Formaron el tribunal de los tres ejercicios exigidos los profesores don Rodrigo Sánchez, don Indalecio Cuesta y don Arturo Núñez.[4]
Durante su carrera tuvieron lugar las reivindicaciones de estudiantes para pedir el cambio de la Escuela Libre de Enseñanza a Facultad estatal[5]. Al final, Salamanca consiguió la anhelada Facultad, con lo cual Víctor Villoria conoció ambas categorías del centro de enseñanza médica.
Don Víctor Villoria comenzó muy prontamente a ejercer en Ledesma, pues, según sus palabras, ya en 1906 se encontraba en ejercicio en esta villa y contaba 24 años. La vida dura y sacrificada del médico rural, en medio de bastante soledad y con pocos medios sanitarios, quedó publicada por José González Castro, Crotontilo, en 1921. Tres años después aparecía en El Adelanto un artículo titulado Aspectos de la vida rural: Los médicos, por J. L. (¿José Luis Salazar?), que ahondaba en el trabajo y dureza de la vida cotidiana de un médico cuyo destino fuera un pueblo pequeño y alejado de la capital. Pero los médicos de Ledesma no se podían encuadrar en el concepto estricto de médico rural. Veamos en el siguiente epígrafe cómo era y aparecía Ledesma en el primer tercio del siglo XX:
Esta villa, cabecera de partido judicial, contaba en 1900 con 3.399 habitantes, aunque en las décadas siguientes se fue dando una continua caída de población[6], de suerte que en 1930 contaba con 2.982, y la población había perdido algo más de 400 habitantes.
Pero en el entorno de Ledesma había una serie de pequeños pueblos que acudían a la villa para infinidad de asuntos, como el mercado semanal. Ledesma contaba con teatro, casino, fonda, farmacia y un hospital para pobres, varias iglesias… Igualmente, había funcionarios, como juez de primera instancia, notario, registrador, letrados y procuradores, administrador de correos, un párroco y varios ecónomos; y por la villa pasaban ricos ganaderos poseedores de dehesas[7]. Había tres médicos, dos de la Beneficencia municipal y uno forense[8]. Por consiguiente, el partido médico de Ledesma no era rural en sentido estricto, sino que, por dotación económica y por las circunstancias, se unía a esas ventajas que no distaba mucho de Salamanca.

En marzo de 1910 se da a conocer la Junta nueva de Sanidad local, apareciendo como médicos integrantes de la misma don Víctor Villoria y don Eduardo Sánchez.
En julio de 1910 tuvo lugar la petición de mano para don Víctor Villoria de la “bella y simpática señorita” Magdalena Palomero, hija de don Luciano Palomero, maestro de obras. Así pues, la boda se celebró en septiembre de 1910.
El enlace matrimonial tuvo efecto en la capilla de la Dolorosa de la Vera Cruz de Salamanca. Bendijo la unión el rector del Colegio de San Ambrosio, don José Manuel Bartolomé[9], y fueron padrinos don José Cuevas Trilla y doña Rosa Martín. El banquete fue servido en el elegante restaurante El Suizo, situado en la calle de Zamora de Salamanca.
En marzo de 1912 se realizó en Salamanca un homenaje en honor de don Casimiro Población por haber ganado en oposiciones la cátedra de Ginecología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca. Entonces habló don Víctor “como compañero del festejado, recordando tiempos de estudiantes y los triunfos alcanzados por su amigo en su vida estudiantil”. En 1913, don Víctor y su mujer, doña Magdalena, apadrinaron a los contrayentes de matrimonio don José Cuevas Trilla y doña Pilar Trilla[10].
En 1915, en la Audiencia Provincial de Salamanca, se juzgaba un delito de robo en el que había resultado herido un sujeto. Realizaron la prueba del herido los médicos Martín Sánchez, Calama y Villoria[11], de lo que se deduce que este último fue llamado como forense de Ledesma. Pero nos queda velado, de momento, si ya entonces don Víctor había adquirido esta categoría en propiedad o actuaba como suplente o como interino. Lo cierto es que durante muchos años fue forense del Juzgado de Primera Instancia de Ledesma, y así se reitera, por ejemplo, en 1934.
Se dijo en la necrológica de don Víctor que también tuvo que superar graves dificultades y que pasó por diversas amarguras, pero no se especificaron los momentos duros ni las causas de ellos. Desde luego, para infinidad de médicos fueron graves las circunstancias de la gripe de 1918. Por eso parece obligado recordar lo que sucedió en Ledesma. Según la Inspección Sanitaria de Salamanca, Ledesma ofrecía entonces estos datos: censo de población, 3.476 habitantes; invasiones de gripe, 2.500; fallecidos, 58. Las invasiones significaron el 71,9 por ciento de afectados.
Aunque había tres médicos en la villa, hay que calcular cuántas visitas y certificados de defunción les tocaría efectuar a cada facultativo, especialmente en los meses de mayo y de octubre. Se unió entonces el problema de las subsistencias. En octubre de 1918, en la capital de Salamanca, había carestía de alimentos básicos. Un señor del gremio de trigueros tenía comprada una pequeña partida de trigo en Ledesma, y el alcalde le negó la guía necesaria para llevarla, y expuso que tenía que hacerlo así, pues temía un levantamiento del pueblo en masa. Un concejal de Ledesma envió a El Adelanto un escrito, que salió el día 14 de octubre bajo el título de Remitido, y explicaba la situación diciendo:
El martes 2 de octubre por la tarde murieron a la misma hora una hermana y un hermano del ecónomo de Santa María, don Eleuterio Toribio Andrés, y en vez de ser enterrados al día siguiente, esperó al jueves para que tuvieran un funeral más solemne. El jueves es día de mercado, y en ese día se presentó el comprador a recoger el trigo. Hecho, pues, el funeral, a media mañana pasó por el medio del mercado, lleno de gente, muchos de ellos forasteros, el entierro de los dos hermanos del cura. Y por la tarde pasó el entierro de otras cuatro personas, de suerte que en un solo día enterraron a cuatro personas[13].
Así pues, el concejal se quejaba —en nombre de Ledesma— de que, en vez de poner medidas sanitarias adecuadas, se habían realizado actos contrarios a lo aconsejable.
Con ocasión de un amplio reportaje sobre Ledesma, un fotógrafo y un periodista entrevistaron a don Víctor Villoria. “Fuimos a su casa, un lindo palacete en la Plaza Mayor que une elegancia y sencillez. El doctor, cien veces ilustre, nos dio una grata acogida, con afabilidad y trato social simpático. Vimos su despacho rebosante de libros e instrumentos de trabajo, revistas españolas y extranjeras. También nos enseñó el gabinete dedicado a radiografía, radioscopia y radioterapia. Tiene instalados rayos X y corriente eléctrica”.
Esto corresponde a los visitantes, pero también habló don Víctor, respondiendo a las preguntas que le hacían, y sus palabras, intercaladas entre pregunta y pregunta, son muy interesantes, pues señaló lo siguiente sobre su propia persona:
1. “Terminé la carrera de Medicina en 1906, soy un enamorado fervoroso de ella, dedicándole todas mis ilusiones”.
2. “Mis paisanos me quieren y me consideran grandemente”.
3. “Sentí la necesidad de instalar rayos X, corrientes eléctricas y diatermia, para que de este modo mis enfermos puedan curarse sin salir de su casa”.
4. “Realizo cuantas operaciones de urgencia me reclaman; cultivo ampliamente la cirugía de extremidades y de cosas externas”.
5. “Me vi obligado a dejar el igualatorio”.
6. “Empleo el tiempo de cada día en atender las consultas diarias, realizar las visitas de fuera y atender las llamadas urgentes, a las que acudo presuroso en automóvil, que más que por mí lo tengo por mis enfermos. Y el resto del tiempo lo dedico a mis libros y mis ocupaciones. Vivo contento. Y todos los años voy a Madrid, donde visito hospitales, sanatorios y demás establecimientos relacionados con la Medicina”.
Pero el doctor no dijo que para manejar esos aparatos era preciso saber cómo funcionaban y, además, saber interpretar los datos que le proporcionaban, es decir, ser especialista en la rama que luego se llamó radiología. Estas seis respuestas no necesitan comentario alguno. Se ve en ellas muy claramente que este señor ha tenido y tiene vocación de médico, y que está entregado al estudio, demostrándose que está puesto al día de los avances de la ciencia médica. De la actividad en su clínica dan testimonio algunas curas anecdóticas recogidas en la prensa salmantina.
Desde los años veinte y en los primeros años de la década de los treinta del pasado siglo hay un gran movimiento para evitar el paludismo y sus consecuencias. Desde la Dirección de Sanidad, y por el inspector de Sanidad de Salamanca, se impulsan diversas medidas para conseguir la erradicación del paludismo.
Se imparten conferencias, se abren Centros Primarios de Higiene y se crean dispensarios antipalúdicos, a los cuales se les facilitaban petróleo para desinfección, estufas en algunos casos y quinina para los enfermos. El dispensario de Ledesma fue uno de los primeros puestos en acción el 15 de abril de 1926. Fue nombrado jefe del mismo don Víctor Villoria Sánchez. He aquí una curiosidad sobre el tema:
Se ha comprobado que hay unos pequeños peces conocidos por gambusias que comen las larvas de los anofeles. Si se echan unas parejas de gambusias en un estanque o charca, se reproducen grandemente y en poco tiempo. En la provincia hay más de 50 charcas en las que se echaron gambusias. Don Víctor Villoria tiene una finca en la carretera de Vitigudino; en la charca que hay en ella, este doctor echó gambusias y en un año han acabado con todos los mosquitos del paludismo (El Adelanto, 7 de mayo de 1927).

En 1924 se realizó la jura de la bandera del somatén en Ledesma, en cuyos actos ya aparece como uno de los médicos de esta villa don Cándido Rodríguez Magallanes, y, como se ve en sus anuncios, ya disponía de rayos X y otros avances médicos, lo que pudo haberse debido a no ser menos en Ledesma que don Víctor y, de esta manera, no perder clientes y ganarse el prestigio de su compañero. A partir de 1923, se instauró en España la dictadura de don Miguel Primo de Rivera. Se estableció el somatén a nivel nacional y se creó el partido de la Unión Patriótica (U. P.). Representantes de este partido estuvieron en Ledesma en 1924 en lo que se puede considerar un mitin; presentaron un Manifiesto de la Derecha Liberal[14].
En 1929 se organizó en Salamanca una Semana Sanitaria, impartiéndose ocho lecciones relacionadas con la sanidad. Luego, el 23 de enero de 1934, llamados por el inspector de Sanidad don Joaquín de Prada, se reunieron en Salamanca muchos médicos de la capital y de los pueblos, sobre todo los directivos de Centros Primarios de Higiene y los de los dispensarios antipalúdicos. Lógicamente, los recibió don Joaquín y les explicó la situación sanitaria provincial y lo que tenían que hacer: programación, memoria anual y, si era posible, fotografías. Visitaron el Instituto de Higiene en construcción y fueron obsequiados con una comida costeada por el citado Instituto. Lógicamente, entre los asistentes estuvieron don Víctor Villoria y don Cándido Rodríguez Magallanes, este último como representante del Centro de Higiene. En mayo de ese año, El Adelanto trae un reportaje sobre Ledesma, y destaca que don Víctor es un médico ilustre y prestigioso.
Con los antecedentes que se llevaban vistos y la proximidad a las ideas políticas conservadoras, nada extraña su ascenso a un cargo importante. El 5 de octubre de 1934 Lerroux formó su gobierno. En él entraron tres ministros de la CEDA: Justicia, Agricultura y Trabajo. Así pues, nada extraña que, en octubre de 1934, don Víctor Villoria fuera nombrado director general de Sanidad por decreto del ministro de Trabajo. Un artículo publicado en La Gaceta Regional el 25 de ese mes, titulado Alegría y tristeza, señala:
En la villa de Ledesma se siente alegría, porque don Víctor es una prestigiosa figura, merecedor de ese honroso cargo, de talento y de laboriosidad e infatigable esfuerzo que siempre ponía al servicio de la Patria. Pero, a la vez, se aprecia una gran pena por perder a un hombre de corazón noble y generoso, lleno de optimismo, simpático a todos, honra y orgullo de Ledesma.

Don Víctor, desde su alto puesto, intentó impulsar la construcción en Ledesma de un sanatorio antituberculoso para funcionarios y otras medidas de mejora sanitaria para la provincia. Desgraciadamente, no estuvo ni un año completo como director general de Sanidad[15]. Pero en Ledesma se formó un comité para gestionar la referida construcción. En septiembre de 1935, el comité realizó una visita a Gil Robles y a Cándido Casanueva, y entre los visitantes iba don Víctor Villoría —ya entonces exdirector de Sanidad— para que explicara lo conveniente. Parece ser que don Víctor ya estaba enfermo, y en febrero de 1936 vivía en Salamanca.
La prensa local da cuenta de que comenzó la construcción de un gran edificio a la salida de la Plaza Mayor, esquina de la calle de la Bola y la calle de Toro, y lo vio ya levantado en sus cimientos. Este edificio se acabó bajo la dirección del hijo de don Víctor, de nombre igual, pero de apellidos Sánchez Palomero[16].
Don Víctor murió el 17 de marzo de 1936. El Adelanto, en la reseña de su defunción, señala que durante cerca de 30 años desplegó una labor constante y un trabajo agotador desde su prestigiosa clínica de Ledesma hasta hacer cundir por toda aquella región la fama de su nombre.
[1] Palabras en su necrológica en El Adelanto el 18 de marzo de 1936. La foto es de El Adelanto, día 24/10/1934.
[2] Como lo que más nos interesa es la vida profesional del doctor, los datos familiares que faltan no se han investigado, pues no parecen muy necesarios para esta breve biografía. Se puede añadir que don Ricardo San Miguel murió el 17 de abril de 1946 y que su hija Estela era la mujer de don Víctor Villoria Palomero.
[3] La prensa salmantina de entonces, años 1897, 1898 y 1899, recoge que obtuvo sobresaliente en las asignaturas de Francés, Geometría y Trigonometría y Alemán. Con lo cual ya se muestra que era un estudiante inteligente y aplicado.
[4] Firmaba las calificaciones como jefe de Negociado D. Eleuterio Población.
[5] En 1903 resultó muerto un estudiante, y varios alumnos fueron encarcelados. A estos los fueron a visitar a la prisión algunos profesores, y también fue Víctor Villoria.
[6] Según el Anuario Industrial y Mercantil de la provincia de Salamanca, publicado en 1926, Ledesma tenía 3.542 habitantes, pero no precisa de dónde ha tomado el dato ni si los habitantes son de derecho o de hecho.
[7] Aunque la misma villa se estructura urbanísticamente con barrios fuera del antiguo núcleo amurallado, tal como era el barrio de los Mesones, así como el arrabal de Santa Elena, esa conformación significaba solo pequeñas dificultades para el médico cuando tenía que acudir a la mencionada periferia a visitar a los enfermos que hubiere. Los ganaderos se invitaban a las tientas de sus reses.
[8] En 1898, eran don Rufo Periáñez Crespo y don Eduardo Sánchez Hernández, ambos de la Beneficencia municipal, y don Higinio García González, de forense. Los famosos Baños de Ledesma, cercanos a la villa, estaban en dominio del marqués de Santa Marta; tenían médico especial de esta especialidad, independiente de los médicos titulares de Ledesma. Otro tanto sucedía con el balneario de Calzadilla del Campo, en donde ejercía como médico de Baños el doctor Infante.
[9] Este señor era un presbítero rector del Colegio de Estudiantes San Ambrosio, en Salamanca, en la calle de Gibraltar. Tenía relación con Ledesma, donde al parecer había estado de ecónomo o de párroco. Y allí se vuelve a ver los días en que una asociación musical visitó la villa, porque él recibió a la citada asociación y expuso que tenía dos grandes inclinaciones, una a la música y la otra a Ledesma.
[10] Familia de don Ulpiano Trilla, letrado y diputado provincial en Salamanca por el partido de Ledesma.
[11] En Salamanca actuaba con frecuencia como forense don Antonio Calama. Y se deduce que Martín Sánchez también era forense por otro partido judicial.
[12] Los tres fueron amigos: Población y Pierna, compañeros de Medicina; Prada y Pierna trabajaron conjuntamente en cuestiones de Sanidad.
[13] El Adelanto, día 14 de octubre de 1918. También dice algo de esto El Salmantino, el 10/10/1934, pero es más resumido.
[14] Si esto sucedía por una parte, los estudiantes de la Universidad de Salamanca habían constituido la F. U. E. hacia 1930 y, visitando a los profesores, intentaban ir caldeando el ambiente político, que se sosegó hasta la llegada de la Segunda República española.
[15] Ya el 18 de abril de 1935 el ministro de Justicia dispuso el cese forzoso de don Víctor como “forense”, sin admitir que se le considerase jubilado en esta actividad.
[16] Véase Salamanca en el Ayer, que explica cómo se iba construyendo el citado edificio y cita como bibliografía Arquitectura y Urbanismo, por Ignacio Elcuaz, y El arquitecto Francisco Gil González, por Sara Núñez. Con todo, han de verse con más detenimiento algunas cuestiones, porque, teniendo el padre y el hijo el mismo nombre, puede haber confusión si es que no se especifica el segundo apellido.
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