Escritas y relatadas por Juan Manuel Igea
Presidente del Comité de Humanidades
de la Sociedad Española de Alergia e Inmunología Clínica

«El médico que solo sabe medicina, ni medicina sabe»
José de Letamendi y Manjarrés (1828-1897)
Un trabajo publicado en Nature Astronomy presenta el análisis más detallado hasta la fecha del material orgánico presente en los chorros de hielo expulsados desde el océano subsuperficial de Encelado, la luna de Saturno. El estudio, basado en los espectros obtenidos por el instrumento Cosmic Dust Analyzer (CDA) durante el sobrevuelo E5 de la misión Cassini, revela la presencia de un conjunto mucho más diverso de compuestos orgánicos que los identificados en análisis previos.
A diferencia de los granos analizados en el anillo E, que eran más antiguos y se habían expuesto a procesos de meteorización espacial, las partículas examinadas ahora proceden de un muestreo directo del penacho, a apenas minutos de su emisión desde fracturas cercanas al polo sur. Esta circunstancia permite una aproximación más fidedigna al inventario químico real del océano interno.
Este análisis ha encontrado compuestos aromáticos (grupos arilo), ya identificados en los estudios anteriores; aldehídos y otros compuestos O-portadores, entre ellos patrones compatibles con acetaldehído, potencial precursor en rutas prebiológicas hacia ácidos carboxílicos y aminoácidos; ésteres, alquenos y éteres/etilos, detectados gracias a la mayor energía de impacto (17,7 km/s), que permite observar patrones de fragmentación invisibles a velocidades menores; y especies que contienen simultáneamente grupos nitrogenados y oxigenados, compatibles con fragmentos derivados de heterociclos como la pirimidina o la piridina.

La combinación de estos fragmentos orgánicos sugiere un entorno rico desde un punto de vista químico, compatible con procesos hidrotermales en el fondo oceánico de Encelado. Entre las rutas propuestas se encuentran reacciones de oxidación-reducción entre volátiles ya conocidos (p. ej., H₂, CO, NH₃), capaces de originar aromáticos, aldehídos o nitrilos en condiciones plausiblemente habitables. Los autores subrayan que esta detección no implica actividad biológica, pero sí delimita un conjunto de rutas geoquímicas plausibles para la síntesis prebiótica de moléculas más complejas. La presencia simultánea de fosfatos, que se han detectado en estudios recientes, añade un elemento adicional en favor del interés astrobiológico del satélite.
En conjunto, estos resultados consolidan a Encelado como uno de los principales objetivos para futuras misiones dedicadas a la búsqueda de vida en el Sistema Solar. El análisis directo de estos granos, preservados en estado «fresco», constituye una de las pruebas más sólidas de la complejidad química de su océano interno y abre nuevas vías para comprender los procesos que podrían sostener química orgánica avanzada en mundos oceánicos.
Referencia bibliográfica:
Khawaja N, Postberg F, O’Sullivan TR, Napoleoni M, Kempf S, Klenner F, et al. Detection of organic compounds in freshly ejected ice grains from Enceladus’s ocean. Nat Astron. 2025. https://doi.org/10.1038/s41550-025-02655-y.
Un estudio publicado recientemente en Nature describe un hallazgo de notable relevancia para la astrobiología: el vehículo Perseverance ha identificado en el cráter Jezero, en Marte, un conjunto de texturas, minerales y trazas de carbono orgánico en rocas sedimentarias de la denominada formación Bright Angel. Estas observaciones apuntan a que el subsuelo marciano pudo haber albergado condiciones químicas compatibles con procesos biológicos, aunque su origen sigue siendo incierto.
Las rocas estudiadas —principalmente lutitas finas con capas de yeso y otros sulfatos cálcicos— presentan nódulos de fosfatos de hierro (probablemente vivianita) y zonas milimétricas denominadas frentes de reacción, enriquecidas en minerales de sulfuro de hierro, como greigita. La distribución de estos minerales, no alineada con la estratificación, sugiere una formación in situ, posterior a la sedimentación.
El instrumento SHERLOC detectó además una señal Raman compatible con carbono orgánico, cuya presencia parece correlacionarse con la abundancia de vivianita y greigita. Este patrón apoya la hipótesis de que reacciones redox de bajo grado (que posiblemente implican la oxidación de materia orgánica y la reducción de hierro y sulfatos) impulsaron la mineralogénesis observada. El estudio plantea dos escenarios. El primero es un origen abiótico del hallazgo. Procesos puramente geoquímicos redujeron el hierro y los sulfatos a bajas temperaturas. Aunque es una explicación viable, hay varios pasos que requieren condiciones poco probables en el entorno descrito. El segundo escenario es su origen biológico, según el cual algunas rutas metabólicas microbianas, análogas a las observadas en ambientes ferruginosos terrestres, produjeron vivianita, greigita y patrones texturales análogos. Los autores no afirman la existencia de vida pasada, pero consideran estos rasgos como «potenciales firmas biológicas» que requieren una investigación adicional.

La comunidad científica deposita ahora grandes expectativas en el análisis detallado del núcleo extraído, cuya futura recuperación en futuras misiones de retorno de muestras permitirá determinar con mayor precisión si estos minerales y asociaciones químicas representan un proceso puramente geoquímico o la huella de un metabolismo antiguo.
Este hallazgo, aunque preliminar, refuerza el valor del cráter Jezero como uno de los lugares más prometedores para comprender la habitabilidad de Marte en su pasado remoto.
Referencia bibliográfica:
Hurowitz JA, Tice MM, Allwood AC, Cable ML, Hand KP, Murphy AE, et al. Redox-driven mineral and organic associations in Jezero Crater, Mars. Nature. 2025;645:332-340

El experimento ALPHA del CERN ha anunciado un progreso notable en la producción de átomos de antihidrógeno, gracias a una nueva técnica de enfriamiento que mejora sustancialmente la eficiencia del proceso. El resultado —la obtención de más de 15 000 átomos en menos de siete horas— supone un incremento de alrededor de ocho veces respecto a métodos anteriores y abre la posibilidad de realizar estudios de antimateria con una precisión que hasta ahora era inalcanzable.
La antimateria, de la que forma parte el antihidrógeno, puede entenderse como un «reflejo» de la materia ordinaria. Para cada partícula elemental que compone el mundo físico existe una partícula equivalente con la misma masa, pero con cargas o propiedades opuestas: los positrones son los «electrones positivos», y los antiprotones son la versión con carga negativa del protón. Cuando materia y antimateria se encuentran, ambas se destruyen y liberan energía. Aunque la antimateria es sumamente escasa en el universo actual, estudiarla permite comprender mejor la estructura fundamental de la materia y fenómenos energéticos de gran precisión.
El avance que presentamos se sustenta en un método de refrigeración simpática: los investigadores emplean iones de berilio sometidos a enfriamiento láser, que transfieren su energía térmica baja a un conjunto de positrones (como se llama a los antielectrones). Estos positrones, enfriados hasta temperaturas cercanas a −266 °C, pueden combinarse de forma más controlada con antiprotones para generar átomos de antihidrógeno de forma estable y en mayor cantidad. Este logro representa una mejora tecnológica destacable en la manipulación de partículas sumamente difíciles de producir y conservar.
Aunque la producción de antimateria pueda parecer distante de la práctica médica, su impacto futuro no es trivial. La física de partículas y la ingeniería asociada a experimentos como ALPHA han sido históricamente motores de innovación médica: desde la tomografía por emisión de positrones (PET), basada precisamente en la interacción entre la materia y la antimateria, hasta los aceleradores utilizados en radioterapia de protones. El aumento de la disponibilidad de antihidrógeno permitirá estudiar sus propiedades con mayor detalle, lo que podría impulsar desarrollos en imagen médica, sistemas cuánticos de medida o tecnologías de radiación altamente controlada.
La investigación en antimateria, por tanto, no solo representa un avance fundamental en física básica, sino una ventana hacia tecnologías biomédicas aún por imaginar. La frontera entre física e ingeniería, aplicada a sistemas extremos, continúa mostrando una fertilidad inesperada para aplicaciones médicas futuras.
Referencia bibliográfica:
Hangst J, Madsen N, ALPHA Collaboration. Breakthrough in antimatter production: new cooling technique enables eight-fold increase in antihydrogen atom production at CERN. Nature Commun. 2025; DOI:10.1038/s41467-025-65085-4.
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