El suicidio entre los jóvenes. Prevención

Por Iluminado Oliva

Cirujano

En este artículo, el autor recuerda que hay “signos de alarma” ante la sospecha de suicidio, como “el aislamiento social y personal, romper con los amigos, los cambios de humor o el desinterés por las cosas”

La historia de los suicidios (quitarse voluntariamente la vida) es tan antigua como la humanidad. Hay múltiples facetas sobre estos actos descritas en todas las culturas. Algunos ejemplos

• El suicidio como herramienta política o religiosa: autoinmolaciones con explosivos, los kamikazes japoneses (con los aviones), el satí en la India (sacrificio voluntario en la pira funeraria —fuego— de la viuda ante la muerte del esposo) …

• Debido a enfermedades incurables o invalidantes, cánceres, el paro, desastres económicos y sociales, divorcios, desahucios, sinhogarismo, acoso en sus diferentes formas, depresión, esquizofrenia, traumatismos cerebrales, alteraciones genéticas, antecedentes familiares, trastornos de la conducta alimentaria, excesivo culto a la imagen, pensamientos negativos, drogas, alcohol y el síndrome de abstinencia, guerras, cárceles, etc.

En la segunda mitad del siglo XX, el suicidio infantojuvenil en Japón era llamativo. y se atribuyó a la competitividad que existía en el ámbito educativo, dado que los “mejores” tendrían mayor facilidad de acceso a puestos destacados en la industria.

El clima también influye. En este sentido, en los países que tienen menos horas de sol aumenta su frecuencia.

El suicidio ha sido considerado un acto altruista en algún caso: una forma de evitar que otros sufran. En otras ocasiones, sin embargo, una acción cobarde, despreciable, ilegal; incluso se ha prohibido el enterramiento del suicida en los cementerios por considerarlo contrario al destino de la naturaleza.

La eutanasia es una práctica que no trataremos aquí.

Hace 60-70 años, el suicidio entre los jóvenes en nuestro país era casi anecdótico. Sin embargo, en este momento, lamentablemente, es frecuente noticia en los medios de información.

En edad escolar y juvenil, según los últimos datos de 2024 del Instituto Nacional de Estadística de España, se registraron 76 suicidios, 13 más que en 2023. La cifra es mayor en los varones en la franja de edad entre 15-19 años, pero en la de 20-24 aumenta en la población femenina.

En 2023 se cita una cifra media en toda la población española de unos 11 suicidios al día, y en el mundo, de 800.000 al año, aunque probablemente las verdaderas sean mayores que las que se recogen oficialmente, ya que ese acto se considera vergonzoso y las familias procuran ocultarlo.

Las cifras de muertes por esta causa superan a las debidas a los accidentes de tráfico.

Los intentos de suicidio entre los jóvenes también han aumentado, siendo estos más frecuentes en las chicas.

¿Por qué será esa “epidemia” y este aumento de la frecuencia entre los jóvenes?

Hay múltiples aspectos en nuestra sociedad que pueden explicarlo:

• Han disminuido los valores espirituales en muchos grupos sociales.

• El libre acceso a algunas páginas web es, sin duda, un factor. Esta, entre otras, es una razón por la que algunos países prohíben el uso del teléfono móvil en los centros escolares a menores de 16 años: Suecia, Países Bajos, Francia, Australia… La UNESCO también recomienda aplicar esta normativa.

• El consumo de drogas y alcohol es otro factor.

• El aumento de enfermedades mentales como la depresión, la esquizofrenia o la disminución de relaciones personales de convivencia (aislamiento) también influye. Es frecuente ver a jóvenes solos, recluidos, con su móvil durante largos periodos de tiempo.

• El acoso en las aulas (bullying) y el sexual son motivos frecuentes a destacar en este momento.

• Igualmente, la facilidad para adquirir armas en algunos países (no en España, por suerte) es otro factor.

• Las ludopatías o adicciones a los juegos con fines lucrativos son un hecho frecuente; pueden predisponer al suicidio del jugador y, a veces, también de su pareja.

• El uso abusivo de medicaciones como opiáceos o benzodiacepinas, sin control médico ni farmacéutico, es otra causa.

• Etc.

Medidas para la prevención del suicidio

Para evitarlos se intentan varios medios; quizás el mejor sea la concienciación del problema por parte de toda la sociedad y poner medidas: padres, amigos, educadores e instituciones relacionadas con los jóvenes.

El Teléfono de la Esperanza, las consultas a especialistas (psiquiatras, psicólogos) o las prácticas religiosas, todas pueden ayudar.

Conviene hacer seguimiento médico de las personas que han intentado suicidarse.

Las campañas educativas en los centros escolares sobre este problema son esenciales.

Igualmente, evitar las situaciones descritas en el apartado anterior: el acoso escolar o bullying, el sexual, el ciberacoso, el acceso a las armas, alcohol, drogas, ludopatías, etc.

Son útiles los obstáculos para impedir el suicidio, por ejemplo: las barandillas en los balcones peligrosos, las vallas en las vías del tren, el metro o en los puentes con grandes alturas. También evitar el acceso a venenos como pesticidas, a fármacos peligrosos como el fentanilo u otros.

Comunicar el deseo de suicidarse es un medio utilísimo para evitarlo. El “tragarse todo para uno mismo” es una forma de agrandar el conflicto. “Una pena compartida es media pena”.

Tener una razón para vivir, sentirse motivado —útil—, los pensamientos positivos, actividades tanto físicas como mentales, ayudar a la comunidad, etc., son aspectos bien conocidos.

Hay signos de alarma que se deben observar ante la sospecha de suicidio: el aislamiento social y personal, el romper con los amigos, los cambios de humor, el desinterés por las cosas…

En España hay una línea telefónica al servicio público: el número 024 y otros medios, como los ya citados. También puede ser de interés llamar al 112 ante situaciones límite.

Las medidas educativas y de prevención en toda la población española han dado su fruto. Así, en el año 2024 se han registrado 3.953 suicidios, 165 menos que el año anterior. Pero en la población infantojuvenil las cosas van a peor, y el problema es grave y preocupante.

Con la colaboración del Dr. Francisco Rey Sánchez, psiquiatra del Hospital Universitario de Salamanca

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